Las cosas que aprendes a querer cuando estas de novia son
muchas, aprendes a querer sus pasiones, sus gustos musicales, sus miedos.
Aprendes a querer a su familia, sus hermanos, sus mascotas, sus amigos, sus tesoros que son tan suyos y ahora también tuyos.
Como les digo aprendes a querer esas cosas que la otra persona tanto quiere.
No estuve muchas veces de novia, ni tan pocas, creo que tres
relaciones son suficientes para poder sacar conclusiones, mis dos relaciones
anteriores me enseñaron a querer muchas cosas la música y los animales quizás son
las más significativas, pero esta relación, está en particular me enseño no
solo a querer, sino a apasionarme, a sentirlo en el pecho, a sufrirlo, a
festejarlo. Me mostro un mundo que no conocía, que me parece increíble.
Esta relación, entre tantas otras cosas que me enseño, me
hizo amar el hockey, pero no me hizo amarlo por el deporte, me hizo amarlo por
el club en que lo vivo, y es que muy pocas veces vi a un grupo de chicas sentir
tanto una camiseta, pelear tanto una bocha, gritar tan fuerte un gol, sufrir
tanto una derrota. Ellas en realidad quizás no lo saben o no se dan cuenta,
pero me hicieron querer tanto su club y sus colores como los quieren ellas,
sufrir una derrota con el corazón triste y esas ganas de querer jugar ese
partido de nuevo porque el resultado fue injusto. Ellas, mi novia, sus novios,
la gente, me hicieron sentir de un club que no era pero que ahora aunque no
juegue su deporte lo siento como mío y como quiero verlo campeón.
Sin duda entre las cosas que aprendí a querer en un año, esta
gente la de este club es la que se robó un pedacito de mi corazón, tiempo de
mis sábados, angustias en mi pecho por las faltas que no cobraron, puteadas por
los goles que erraron, y dolores de gargantas por los que convirtieron que
gritamos con tantas ganas.
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